Variables a tener en cuenta para una correcta coordinación del producto.

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Cuando en nuestra empresa nos planteamos la satisfacción de nuestros clientes tenemos que abarcar algo más que un servicio de atención al cliente: una entrega a tiempo de nuestro producto, en perfecto estado y en el lugar adecuado puede marcar la diferencia entre un buen y un mal servicio. Para que todo sea satisfactorio, deben tenerse en cuenta diferentes variables en el proceso logístico.

Aunque cada empresa, según su propia situación y características, tiene su propia estrategia, existen ciertas variables que suelen ser comunes. La primera de ellas es el stock disponible, que tendrá que preverse en función de la oferta de servicio que tengamos. De esta manera, podremos entregar nuestro producto cuando el cliente lo solicite y nos aseguraremos de que esté siempre disponible. Otra variable a tener en cuenta es la inversión en nuestro inventario. Es la mejor manera de conocer cuantitativa y cualitativamente tanto mercancías como materias primas, bienes y recursos que tenemos a nuestra disposición. Un buen inventario puede reducir los costes operativos, pues sabremos de antemano qué tenemos, qué necesitamos, etc. Efectivamente, estos costes son otra de las variables, pero con una buena planificación podremos contener el gasto que realicemos, puesto que no tendremos stock en exceso, sabremos qué podemos usar y en qué cantidades para que todos los procesos funcionen correctamente, etc. En otras palabras, haremos que nuestra empresa funcione como un reloj, sin desajustes.

Otra variable que debe considerarse es de qué manera debemos producir, según se demande u ordene (make to order) o según tenga que producirse para almacenarse (make to stock): quizá fabricamos queso fresco que solo puede consumirse en los dos días tras su producción. En este caso no podremos almacenarlo, pues se podría estropear con facilidad. En cambio, si fabricamos conservas, podemos prever una producción determinada que podrá almacenarse masivamente (por ejemplo, aprovechando que en verano es temporada de tomates, podremos producir un millón de latas de tomate en conserva, que no se estropea, y surtir al mercado con un producto de calidad). El tipo de producción que tengamos determinará también el diseño de la red de distribución y la forma en que nuestro almacén se configure.

En cuanto dispongamos de un análisis de estas variables, podremos elaborar una buena estrategia. En gran medida, la inversión en inventario establecerá esta estrategia, porque sabremos exactamente qué tenemos a nuestra disposición para producir nuestros servicios o productos, de qué recursos disponemos para distribuirlos, qué proveedores tenemos para adquirir la materia prima, qué almacenes tenemos para guardarlos, qué medios tiene nuestra empresa para darlos a conocer, etc. Cada uno de estos procesos dependerá, en buena medida, de nuestro inventario, por lo que es muy importante planificarlo adecuadamente.

De esta manera, para que el producto que tenemos no solo sea bueno en sí, si no que satisfaga a nuestros clientes (mediante una buena experiencia de todo el proceso de compra y de la calidad del servicio) y nos satisfaga a nosotros, en tanto que ofrecemos lo mejor de nosotros mismos y nos reporta un beneficio que no solo es tangible y monetario, es necesaria una buena coordinación de todos los elementos implicados en la empresa: debe existir una cadena de suministro bien gestionada en todos sus aspectos, en la que la estrategia de negocio de nuestra empresa tenga en cuenta la estrategia logística y la integre en sus propios objetivos. Y del mismo modo, si planificamos de forma global, podremos incorporar los objetivos de la empresa a la estrategia logística, haciendo que mutuamente se beneficien y tengan las mismas metas. En este sentido, hacer eficiente la estrategia logística requiere de algunas propuestas, por ejemplo aplicar las TIC a la cadena de suministro, para que aporten información sobre cada elemento del proceso (de esta manera se puede modificar, corregir o reforzar cualquier aspecto que no funcione como queremos); gestionar los inventarios de la manera más racional posible (incluyendo la estandarización de productos y procesos o la clasificación de materiales y recursos); hacer que los almacenes sean eficientes (planificando la ruta más rápida y económica de la red de suministro sin que el cliente se resienta, valorando compartir almacenes con otras empresas o disponiendo una red de almacenes más pequeños repartidos por la geografía, etc.); disponer de información precisa del transporte (ya sea mediante la trazabilidad de la cadena de suministro en general o mediante la cadena de frío, para alimentos). En este aspecto se puede valorar el uso de transporte compartido, que puede reducir los costes; el uso de varios medios de transporte, según la zona de entrega o de recepción; la externalización de algunos procesos, o la logística inversa. No podemos olvidarnos, como no lo hacemos al planificar la estrategia de marketing o el plan de negocio, de evaluar cada una de las acciones realizadas. Por esta razón, es importante que usemos métricas para saber en todo momento si el trabajo que realizamos revierte en beneficios o si, por el contrario, tenemos que modificar algo.

En conclusión, necesitaremos tener toda la información disponible, tanto interna como externa, para poder ofrecer nuestros servicios de forma perfectamente planificada sin que se produzca una rotura de stock, retrasos en la recepción de materias primas o en la entrega del producto al cliente. Esta información debe contener datos sobre los costes, los tiempos que cada proceso requiere, las cantidades de materiales necesarios, el personal necesario para cada proceso, el tiempo de actividad en el almacén necesario para mover las mercancías y productos y los medios físicos de transporte, que incluirán vehículos, estanterías, armarios, etc. Disponiendo de toda la información podremos adelantarnos a cualquier imprevisto que pueda surgir y evitar pérdidas de materiales, mercaderías o dinero a nuestra empresa y, sobre todo, evitaremos una mala experiencia a nuestros clientes, sin los que no podríamos proseguir nuestra actividad.

Artículo de ENEB – Escuela de Negocios Europea de Barcelona.

Diplomado en Ciencias Empresariales por la Universidad Pompeu Fabra. Graduado en Sociología por la Universidad de Barcelona. Especializado en los ámbitos de la Asesoría Institucional, Coaching y PNL.

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Diplomado en Ciencias Empresariales por la Universidad Pompeu Fabra. Graduado en Sociología por la Universidad de Barcelona. Especializado en los ámbitos de la Asesoría Institucional, Coaching y PNL.

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