Raíces históricas y filosóficas del Mindfulness

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Desde hace mucho tiempo, muchas religiones, tradiciones espirituales y escuelas filosóficas han utilizado diversas técnicas de meditación para lograr un equilibrio entre el cuerpo y la mente y alcanzar un estado de atención y concentración sobre el propio cuerpo, sus percepciones o la misma concentración. Como punto de partida sobre el que buscar lo que hemos llamado la ausencia de dolor, ataraxia o nirvana, el mindfulness utiliza una buena parte de esas prácticas milenarias para alcanzar un estado de concentración similar, aunque en muchas ocasiones se aplique como terapia psicológica. Como hemos dicho, mindfulness es una traducción de la voz sati en pali. Sati es el sustantivo del verbo “sarati”, que significa recordar o rememorar. La idea final tras este concepto es el recuerdo o la rememoración de estar en el presente constantemente, volver en todo momento al aquí y al ahora.

La primera religión que puede relacionarse con el mindfulness es el budismo, aunque algunos investigadores, como Safran (2003), sugieren otra tradición anterior llamada Upanishad, situada entre los siglos VII y VI a.C. en la India, cuya reinterpretación de los Vedas destacaba el sentido interno de las cosas por encima del externo. Siguiendo con su concepción, el “atman” (aliento, ego, alma) es la esencia que trasciende a la experiencia del propio individuo. En consecuencia, el objetivo es entender que esta esencia propia tiene una naturaleza irreal y que el verdadero sí mismo es la fusión del atman con la esencia universal subyacente. En la tradición Upanishad, alcanzar la trascendencia se lograba mediante la mortificación de la carne y la meditación: por un lado, la persona se sometía a experiencias extremas como el frío, calor, hambre, soledad… para superar las exigencias físicas. Por el otro, la persona meditaba quietamente, utilizando diversas técnicas de concentración para que su conciencia se focalizara.

Como decíamos, el budismo es la principal fuente de la que el mindfulness se alimenta. El budismo surgió en la India hacia el siglo V a.C. Desde hace más de 2.500 años, la práctica budista ha buscado eliminar el sufrimiento mediante la meditación, entendiendo que el entorno o la situación externa del individuo no provoca este sufrimiento, sino su propia mente. En este sentido, se trata de recrear el estado de atención y concentración para liberar la mente de los pensamientos nocivos. A partir de esta premisa, el mindfulness aprovecha el potencial de diferentes corrientes de la meditación budista para elaborar su práctica, aunque sin el aspecto religioso implícito.

Para Buda, el sí mismo existe, pero lo entiende como una entidad que se constituye a partir de todos los pedazos de sus recuerdos, vivencias, sensaciones físicas, conceptos, sentimientos, emociones… Esta concepción convierte al sí mismo en contingente o inconstante, puesto que queda influido por causas y condiciones cambiantes, aspectos inevitables de la vida. Así, pone de relieve la forma en la que uno puede liberarse del dolor: entendiendo la naturaleza cambiante de la realidad y descartando la visión absolutamente centrada en uno mismo. En este punto, Buda se posiciona contra la práctica radicalmente ascética del Upanishad, proponiendo la Vía Intermedia, situada entre los placeres y la lujuria y una existencia de penosa mortificación. Esta diferencia modifica el objetivo del budismo, pues pasa de buscar la trascendencia a buscar cómo vivir en la experiencia. En el juego entre ambas visiones es donde le mindfulness saca mayor partido, puesto que se puede meditar acerca de un objeto concreto (lo que ayudará a desplegar habilidades atencionales y a observar la propia experiencia de un modo pleno) y separarse de la observación de la propia mente (lo que genera una conciencia de todos los contenidos de la mente desde una actitud no enjuiciadora). Es aquí donde el mindfulness despliega la capacidad apreciativa de la condición cambiante de la naturaleza y todo lo que hay en ella, es decir, incluyendo a los individuos, lo que finalmente conduce a entender la posición de la mente en tanto que elemento que construye la realidad.

Licenciado en Historia del Arte y Psicología por la Universidad Autónoma de Barcelona. Doctorado en Historia del Arte. Experto en PNL, Coaching, liderazgo, motivación y gestión de equipos.

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